Tito Salas: la epopeya bolivariana y el tránsito hacia la modernidad
La fragua fue el primer lienzo que ejecutó el maestro Tito Salas (1887-1974); en ella aparecían figuras masculinas ejecutando trabajos de herrería, inmersas en matices que iban del marrón al ocre. A esta pintura, realizada cuando apenas tenía 12 años y la cual fue premiada en la época de Cipriano Castro, se sumaría la profusa obra plástica de este maestro cuyo nombre fue Británico Antonio Salas y cuya memoria recordaremos de manera especial este mes de mayo en ocasión de su aniversario.
Según la crítica, este emblemático pintor fue heredero y continuador de una tradición académica donde destacaron maestros como Tovar y Tovar, Michelena, Rojas y Herrera Toro. Salas representó una suerte de eslabón entre la pintura del siglo XIX, adscrita al clasicismo naturalista, con las corrientes de liberalización que llegaron al país en los primeros lustros del siglo XX, logrando que su arte trascendiera como el narrador visual más imponente de la nación.

Discípulo de la excelencia, Salas se consagró al plasmar los capítulos más vibrantes de la vida de Simón Bolívar. Sus murales y lienzos, presentes en el Panteón Nacional, la Casa Natal del Libertador y el Palacio Federal Legislativo, son considerados un majestuoso canto épico. Obras como Mi delirio sobre el Chimborazo, La entrada triunfal de Bolívar en Caracas y La muerte de la esposa del Libertador fijaron en el imaginario colectivo la pasión y el drama de la gesta emancipadora.
La obra de Salas no solo se nutrió de la historia, sino de sus afectos más cercanos. Es notable la estrecha amistad que mantuvo con el historiador Vicente Lecuna Salboch, quien le confió la decoración de la Casa Natal de Bolívar. En su anecdotario destaca el uso de la familia Lecuna como modelos: en el lienzo Zona Tórrida (Colección del BCV) aparecen Valentina Lecuna con su hija Elenita, además de Carlos Urdaneta y Vicente Ramón. Incluso, la fisonomía de la señora Escobar de Lecuna sirvió de inspiración para retratar el dolor en la icónica obra sobre la muerte de María Teresa del Toro.
Aunque su nombre es sinónimo de historia, Salas fue un polifacético cultivador del paisaje, el costumbrismo y el retrato. Obras como Joropo, Fiesta petareña y sus retratos familiares demuestran una ejecución atrevida que despertó la admiración de maestros europeos como José María Sert y Lucien Simon, quienes celebraron su capacidad para capturar el movimiento y la luz del trópico. Con esta conmemoración, se reafirma que el legado de Tito Salas trasciende el lienzo para convertirse en patrimonio vivo de la identidad venezolana.
Teresa Quilez

