Duelo en el teatro venezolano falleció el dramaturgo y director Orlando Ascanio
Orlando Ascanio, figura clave de la historia de la escena venezolana, deja una huella significativa en el teatro, que pasa por la fundación de su emblemática agrupación el Teatro Estable de Villa de Cura, y la formación de sus numerosos discípulos, a lo largo de su dedicación a la enseñanza teatral, por más de ciLa dimensión de su obra
Ejemplo, de ello, lo tenemos en el trabajo de investigación de su aventajado alumno y compañero de ruta en la agrupación teatral, Luis Enrique Torres Torres, quien, en su trabajo de grado para optar al título de magíster en el teatro latinoamericano, ante la Universidad Central de Venezuela, bajo la tutoría de la doctora Ligia Álvarez, en mayo de 2019, en su investigación propone «conocer la obra dramática de Orlando Ascanio, autor fundador del Teatro Estable de Villa de Cura, ya que en la estructura y en la enunciación de sus piezas dispuestas para su estudio: Alacranes, Bajo la mirada de Gardel y A petición del público, se configura la distancia dramática como el elemento empleado con mayor significación y como parte de una estética particular». Todo ello, a partir de «la distancia dramática, definida por (José Luis) García Barrientos (teórico del teatro) como una categoría estética que se mide entre el plano representante y el representado de una obra y que resulta inversamente proporcional a la ilusión de realidad suscitada en el receptor».
A petición del público, estrenada el 9 de marzo de 1997, se convirtió en un éxito, sin precedentes, con unas mil quinientas funciones, en distintos escenarios de Venezuela.
Frescura y originalidad
Ascanio en la escritura de sus obras se caracterizó por crear efectos de ingenio y sorpresa, gracias a la repetición de palabras o frases con un cambio en el orden, sentido o significado, para invitar al espectador a reflexionar sobre el mensaje, además de despertar la atención de una manera original.
Curtido en las lides de la escritura teatral, Ascanio sabía cómo crear efectos de ingenio y sorpresa, gracias a la utilización de un recurso literario como el retruécano. Recurso presente en A petición del público, por ejemplo.
Al maestro, con cariño

La pérdida de Ascanio es un recordatorio de la importancia del teatro y de la necesidad de honrar su memoria y su legado. Su trabajo en el Teatro Estable de Villa de Cura, (ciudad a la que llegó en 1981, invitado por un amigo), y su contribución a la cultura teatral venezolana ha sido valorado por generaciones de artistas. En su larga carrera está el haber obtenido el Premio Regional de Teatro “Teófilo Leal” del estado Miranda. En 2020 le fue otorgado el «Premio Rafael Briceño», un reconocimiento que honra la trayectoria de los creadores teatrales. Existe un galardón de teatro creado por la Gobernación del estado Aragua que lleva el nombre de Orlando Ascanio
«Fuiste un rebelde indoblegable que, entre Lecoq y Breton, prefirió siempre la honestidad del esfuerzo antes que la comodidad del aplauso fácil. Atrás queda nuestra amistad rara, de dos perros viejos adoloridos y quejumbrosos, echados en la tierra caliente.
Gracias por permitirme pisar tus escenarios, por aquel papel de puta, por el de la oligarca, por ser un director amable.
Gracias por esa cercanía que no necesitaba explicaciones porque se alimentaba de lo que ambos sabíamos ver. Me enseñaste tanto: me enseñaste a ver el teatro como una casa de pasillos estrechos donde se pare con dolor y se goza en el fragor de cada ensayo», escribió la actriz María José Quintana, conmovida por la partida del maestro Ascanio.
En marzo de 2009, María José Quintana participó en Los invasores, del chileno, de origen alemán, Egon Wolff, una joyita del mejor teatro político latinoamericano. dirigida por Orlando Ascanio y mostrada en la sala Doris Wells de la Casa del Artista, una coproducción entre la Compañía Nacional de Teatro y el Teatro Estable de Villa de Cura.
El legado de Ascanio, (alumno de Emilio Carballido, Enrique Buenaventura y Atahualpa del Cioppo), va más allá de su contribución al teatro, gracias a su condición de docente y formador en el ámbito de las artes escénicas.
Teatro estable de Villa de Cura
El Teatro Estable de Villa de Cura nació el 9 de marzo de 1982, bajo la influencia del Odin Teatro (agrupación teatral ubicada en Holstebro, Dinamarca, fundada por el director de teatro italiano Eugenio Barba en 1964, base de la International School of Theatre Anthropology), al observar cómo trabajan su repertorio y el tipo de teatro que hacen ellos.
A lo largo de sus 44 años de experiencia, el Teatro Estable de Villa de Cura, logró mantener su Centro de Investigación e Interpretación Dramática Permanente, con su replanteamiento de objetivos y metas y a la vez formular nuevas condiciones para estar a la altura de sus exigencias.
Sus primeras obras
Los inicios de Orlando Ascanio en el teatro datan de 1956, en Los Teques, estado Miranda, su lar nativo; pero es en 1973 cuando comienza a escribir sus primeras obras:
«Yo comencé en el año 73, pero a mí me daba pena enseñar lo que escribía porque yo sentía que eran como unas novelas de radio, porque como yo hice radio en los años 60, entonces me parecían iguales, sin embargo, yo escribía y ensayaba todas las voces de los personajes. Si salía caminando, iba desarrollando la obra con los diálogos de los personajes hasta donde llegaba, tal vez más de uno que me vio diría que estaba loco, pero ese era mi ejercicio de dramaturgia. Inclusive hacia hasta la música que iba a utilizar. Esto a nadie se lo había dicho porque esto es una parte muy personal».
Ascanio escribió más de 25 obras de teatro, entre las cuales se podría mencionar: Cenizas, Post Data, Un Ensayo, Escalera de Emergencia, Coro de Señoras, Bajo La Mirada de Gardel, Puesta En Escena, La Muerte Habita, Divas, La Palidez de Una Magnolia Invade, La Casa de Los Corazones Muertos, Postales de Sombras, Mascaradas, Leo, Gato y Rey, Grietas, Alacranes y Los Peces Iracundos, entre otras.
Villa de Cura le brindó la oportunidad de desarrollar lo que quería y recibió el apoyo de quienes fueron sus maestros, como Miguel Torrence, con sus largas conversaciones que consideró verdaderas clases de actuación, dramaturgia, y dirección; de acuerdo a la confesión que le hiciera al crítico Carlos Rojas, al destacar, también, la influencia de las conversaciones con el maestro Horacio Peterson. Y el maestro Armando Urbina, con sus clases prácticas.
Al igual que las correcciones, al momento de su debut, en 1956, con el texto de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, que le hicieron el actor de radio Luis Germán Meza y la actriz mexicana Pura Vargas (conocida por los filmes Venezuela también canta, 1952; Flor del campo, 1951; y su emblemático personaje La bruja, en Territorio Verde, 1952).
Amén de la magnífica y maravillosa experiencia con el grupo Theja, comandado por José Simón Escalona, cuyas conversaciones y propuestas, le sirvieron de gran ayuda para lo que quería hacer en el teatro. De igual manera, los talleres del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT), con los grandes maestros que visitaron Venezuela, por aquellos tiempos.
Sin dejar de pasar por alto, la oportunidad de ver las puestas en escena de los grandes maestros venezolanos y extranjeros que conformaron esa orientación de sus primeros pasos para lo que más adelante pondría en práctica en el Teatro Estable de Villa Cura.
El legado
El legado de Orlando Ascanio se extiende más allá de su contribución al teatro. Ascanio se convirtió en un pilar fundamental en la formación de recursos humanos para el teatro, al establecer un modelo integral de trabajo y de calidad. ¡Descanse en paz, Maestro!
Hernán Colmenares

