Natalia Jiménez fue una “matadora” en el Poliedro de Caracas
Eduardo Chapellín
Indudablemente el género ranchero repotencia e, inclusive, proyecta más la carrera de un o una cantante. Ejemplo es la española Rocío Durcal, quien disparó su legado al interpretar música romántica mexicana, en especial los temas de Juan Gabriel, quien se convirtió en su padrino.
Otro es el mexicano Luis Miguel, quien ante el auge de artistas pop a finales de los ochenta e inicios de los noventa del siglo pasado, optó por los boleros de Armando Manzanero en primera instancia y luego por las rancheras. Con más de cinco décadas encima se mantiene “El Sol de América”, mientras de otros artistas de su generación la mayoría no se acuerda.
Y un ejemplo hoy por hoy de adaptarse a lo “mero macho” es la española Natalia Altea Jiménez Sarmento, quien con 44 años encima y con una exitosa y polémica carrera, que comenzó en 2000 con el grupo La Quinta Estación por casi una década, para luego lanzarse como solista pop rock en 2011, para el año 2019 da un giro a su carrera al lanzar un álbum de música ranchera mexicana.
Se trató de México de mi corazón, producido por Armando Ávila. En tan solo siete meses el material alcanzó los primeros puestos en las listas de éxitos musicales en México y Estados Unidos, logrando disco de oro y más de cien millones de reproducciones hasta el sol de hoy. En este trabajo, un homenaje a la canción mexicana, realizó duetos con Carlos Rivera, Pedro Fernández, Paquita la del Barrio, Lila Downs, El Bebeto, y la Banda MS. Esa vez, el mariachi Gama Mil la acompañó y hasta le concedieron el permiso para incorporar coros con el ya fallecido Juan Gabriel.
Sin embargo y como recalcó en su presentación a casa llena en el Poliedro de Caracas el pasado sábado 28 de febrero, “La Jiménez toca lo que le da la gana”.
Y lo hizo con pasión y, lo más importante, con gran calidad vocal y artística, ya que como una “matadora” de toros se paseó por el ruedo (perdón, tarima del cincuentenario Poliedro), cautivando hasta la gente más exigente. Además, esa noche se demostró que tiene una fanaticada que se sabe de la “A” a la “Z” sus éxitos, la mayoría de su autoría (otro punto clave a su favor). Soltó lágrimas no fingidas varias veces y reconoció que “los venezolanos son los que más bulla hacen en mis espectáculos”, que han recorrido Maracaibo, Barquisimeto y otras ciudades “a las que pronto quiero volver”.
Por más de dos horas y media cantando y, muy bonito de su parte, que permitió a nuevos talentos jóvenes, menores de edad la mayoría, se montarán en la tarima y mostrarán sus dotes como cantantes (de gran calidad por cierto), lograron que el tiempo fuera de ensueño.
Incluyendo tres cambios de vestuario (comentario aparte, diseños de primera acordes con su delgada contextura), interpretó desde el pop romántico hasta boleros y las esperadas rancheras, con arreglos de primera y una banda que sabe hacerle roncar los motores a cualquier público.
El triste, Gavilán o paloma, Si no te hubieras ido, un popurrí con Perdición, Recuérdame y La frase tonta, Que te quería, Algo más, Creo en mí, Cien años, Sabor a mí, Perfume de gardenias (esta vez no nos gustó ese arreglo), Bésame mucho, Cumbia MS, Piel canela, Canta canta canta, Me gustas mucho, La gata bajo la lluvia, Llevarte al cielo, Costumbres, Pedazos, Me muero, Quédate con ella, El sol no regresa, Camino de Guanajuato, El rey y Caray fueron los temas escogidos para una velada inolvidable.
Y sorprendió abriendo el show, porque no la conocíamos, la venezolana María Gabriela Silva, quien se especializó en el género ranchero y que con su popurrí de temas de Ana Gabriel, explotó los sinceros aplausos del público asistente. Hay que seguir este talento nacional.
Aparte, se debe destacar que todo contó con la producción de Invershow y el apoyo férreo de la Fundación Poliedro de Caracas. Vale decir que desde que se entró hasta la salida casi a medianoche, la atención fue de primera.

