Cultura y Entretenimiento

Narciso sin reflejo: El dolor de un patrimonio mutilado

Teresa Quilez

​El 28 de marzo Venezuela conmemora el Día Nacional del Patrimonio Cultural. Sin embargo, para mí, esta fecha no llega con aires de celebración, sino con una imagen desgarradora que se ha quedado tatuada en mi mente. Es un grito silencioso, congelado en mármol, que se niega a ser ignorado.

​Todo ocurrió durante un paseo cultural por la urbanización El Paraíso, organizado por el Musarq (Museo Nacional de Arquitectura Juan Pedro Posani). El itinerario prometía un reencuentro con la gloria arquitectónica de la zona, pero el destino nos puso frente a un atropello que no estaba en los planes: allí estaba ella, o lo que queda de ella.

​Se trata de la escultura de «Narciso», una joya de naturalismo idealizado ubicada en la Plaza Madariaga. Tallada en mármol de Carrara hacia 1953, la obra es atribuida al artista E. Saverso Palezzi (o Salvesio Paleéis). Verla así —mutilada, despojada de su dignidad y reposando en el fondo de una fuente seca, maloliente y convertida en vertedero— me provocó una mezcla de rabia y una profunda tristeza.

​El Paraíso, que en sus años dorados fue el oasis de la elegancia caraqueña, me mostraba su herida más dolorosa. Narciso, el joven que murió por amor a su propia imagen, hoy no tiene espejo donde mirarse. La desidia le arrebató el agua y el vandalismo le cercenó la existencia.

​Al llegar a casa, el sentimiento se transformó en versos. Este poema es mi tributo y, al mismo tiempo, mi protesta:

​»SIN REFLEJO

​Narciso quiere mirarse

y no puede,

degollaron su cabeza

​Los vándalos mutilaron

sus níveos brazos de mármol

y sus piernas

​Su historia inició en un jardín privado,

en medio de muchas flores,

pero un día su dueño, un señor pudiente, 

lo donó a una plaza

​Suponía que siempre

el público disfrutaría del ego infinito

de aquella escultura mítica

al reflejarse en el líquido cristalino

​La pieza de Carrara

con el tiempo vio cómo se secó

su pileta, luego lo despedazaron

​Narciso quiere mirarse

y no puede… (Teresa Quilez /2024)»

​Cuidar nuestro patrimonio no es una responsabilidad exclusiva del Estado; es un compromiso ciudadano. El Narciso de la Avenida Páez, atrapado en su propia fuente estéril y profanada, es el espejo de nuestra propia identidad descuidada. No podemos permitir que la ignorancia y la desidia sigan borrando nuestro pasado, porque solo con raíces sólidas podremos construir un futuro con verdadero sentido.

​Que este día no sea una efeméride vacía, sino un llamado urgente a proteger lo que nos pertenece a todos.

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