Cultura y Entretenimiento

Martín Tovar y Tovar : pincel de la épica

La épica independentista no solo se escribió con pólvora; se grabó con fuego y óleo en lienzos magistrales que hoy son el alma visual de una nación. Desde las batallas que sellaron la libertad de pueblos hermanos hasta los retratos que capturan la esencia de nuestra estirpe libertadora, la obra de Martín Tovar y Tovar (1827–1902) permanece como el referente pictórico más emblemático del siglo XIX venezolano. 

A 199 años de su nacimiento, su legado no es solo arte, sino el testimonio inmortal de la identidad americana.

Considerado el pintor más influyente del siglo XIX, Tovar y Tovar (1827-1902) no se limitó a retratar la realidad; la dotó de monumentalidad. Bajo el encargo del presidente Guzmán Blanco en 1873, el maestro asumió el reto de inmortalizar la gesta heroica, convirtiéndose en el cronista visual más importante de nuestra estirpe.

​El crítico Alfredo Boulton fue tajante: «Tovar y Tovar abordó la historia con un ‘brío y grandeza’ sin precedentes. Su obra cumbre, La Batalla de Carabobo (1887), concebida en París para el Salón Elíptico del Palacio Federal, es un hito de la plástica latinoamericana. Junto a ella, La Firma del Acta de la Independencia se erige como el monumento clásico de la identidad venezolana.»

​Su pincel recorrió la geografía de la libertad: Boyacá, Pichincha, Junín y Ayacucho. Aunque la tragedia del terremoto de 1900 destruyó el lienzo original de Junín y la muerte le impidió concluir Ayacucho —tareas completadas magistralmente por Herrera Toro sobre los bocetos del maestro—, su visión técnica y estética sentó las bases del arte moderno en el país.

​La iconografía de Tovar y Tovar es profusa, inmersa en los héroes de la independencia Simón Bolívar, Mariscal Sucre.

​Miranda, Páez y Ribas. También civiles como el Dr. José María Vargas.

​Sin embargo, su genio no se detuvo en el fragor de la guerra. En sus últimos años, Tovar y Tovar descubrió la modernidad en la serenidad del entorno. Sus paisajes de Caracas y el Litoral, pintados con una sensibilidad que se adelantó al Círculo de Bellas Artes, revelan a un artista total que dominó tanto el estruendo de los cañones como la paz de la luz natural.

​Martín Tovar y Tovar fue, en definitiva, el pintor mejor formado de su tiempo. Al romper con el estilo provinciano e introducir el neoclasicismo francés, no solo cambió el rumbo del arte nacional; nos regaló la imagen eterna de nuestra propia libertad.

CORTESÍA Teresa Quilez

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