La Sinfónica Simón Bolívar elevó los acordes de su joven vanguardia musical junto al romanticismo de Tchaikovsky
Alfredo Tamayo
C.N.P. 14.535
Los espacios del Centro Nacional de Acción Social por la Música volvieron a retumbar con los acordes de dos venezolanos: Giancarlo Castro D’Addona y Matías Azpurúa.
El veterano director Andrés David Ascanio inició la velada con la interpretación de la pieza De Mi Tierra, de Castro D’Addona. Esta composición exalta la identidad nacional desde resonancias tradicionales urbanas y ritmos del Caribe. Escucharla es como recorrer la región desde lo alto a pleno sol; sonidos que se convierten en los colores del Caribe y su fiesta.
En la segunda parte, Ascanio dirigió el Concierto para Maracas y Orquesta de Azpurúa, en el que el virtuosismo de Paola Mendoza con las maracas conectó emocionalmente con el público asistente. Esta pieza exige que el solista posea un dominio magistral del instrumento, desafío del cual Mendoza salió nuevamente airosa. Es una obra extraordinaria donde el sonido de las maracas cabalga a su propio ritmo junto al de los demás instrumentos, sin dejarse arropar por la majestuosidad de la orquesta; una pieza con mucho de épica cinematográfica, de galopar de caballos y un breve inciso experimental.


La Sinfonía N.° 5 en mi menor, opus 64 de Tchaikovsky nos trasladó al romanticismo del siglo XIX, dejando en el ambiente y en el alma de los asistentes la pasión, la emoción y la ensoñación de un tiempo siempre presente. La destreza de Ascanio y la pericia por excelencia de la Sinfónica Simón Bolívar evocaron a uno de los clásicos que siempre será imprescindible.
El público se mostró entusiasta y conmovido, aplaudiendo de pie al finalizar cada interpretación. La acústica del auditorio permitió que cada nota resonara con claridad, creando una atmósfera mágica que envolvió a los presentes. La combinación de obras contemporáneas y clásicas resaltó la versatilidad y el talento de la orquesta, así como la capacidad de los músicos para transmitir emociones profundas a través de sus instrumentos.
Un encuentro de estilos
Se pudiera calificar este concierto como el del encuentro y contraste de dos tiempos. Al inicio, la música vanguardista de Castro D’Addona y Azpurúa con la fuerza juvenil de la Sinfónica Simón Bolívar y sus nuevas propuestas; luego, el romanticismo siempre vivo del músico ruso. Dos momentos musicales en diálogo y «contrapunto epocal» en el que instrumentos de cuerda y de viento lograron un acople perfecto.
Al concluir el concierto, los asistentes se retiraron con una sensación de plenitud y gratitud por haber sido parte de una noche tan especial. La Sinfónica Simón Bolívar, una vez más, demostró por qué es considerada un referente en el mundo de la música clásica, no solo en Venezuela, sino a nivel internacional.

