Cultura y Entretenimiento

La Constitución gringa bajo la lupa de Ernesto León: anatomía del pacto social

​Inmerso en lo más profundo de las raíces de la Constitución norteamericana, el emblemático artista Ernesto León desarrolla desde el año 2020 una serie de obras que funcionan como una cirugía conceptual al corazón del pacto social.

​La propuesta de León, bajo la visión epistemológica que siempre lo ha caracterizado, no es una mera ilustración del texto, sino una transformación de este en un objeto-libro interrogable. A juicio del artista, la ley en la contemporaneidad ha dejado de ser una promesa viva para convertirse en una estructura congelada y administrada.

​En ese sentido, según explica León, la geometría de su obra no cumple una función ornamental; es, por el contrario, la representación visual de la racionalidad moderna que organiza y, simultáneamente, limita. Al aplicar cortes precisos, armónicos y rígidos sobre el cuerpo de la Constitución, el creador busca revelar lo que él denomina un «exceso de orden».

​Esta propuesta sugiere que la ley no desaparece por el caos, sino que se inmoviliza mediante una estructura que la vuelve inoperante. Bajo la óptica de León, la geometría actúa como una incisión que muestra cómo la razón ilustrada —diseñada originalmente para proteger derechos— termina por administrarlos de forma tan rígida que suspende su espíritu original. Es, en sus propias palabras, la estética de una ley que sigue ahí, pero que ya no «respira».

​Lo neurálgico del análisis de León sobre el saber y el poder se traduce en el paso del texto al libro-objeto. Aquí, el ejemplar deja de ser un vehículo de información para ser un cuerpo intervenido. León sustenta esta línea de investigación en pensadores como Michel Foucault (1926-1984) y Walter Benjamin (1892-1940), bajo el precepto de que el conocimiento no es abstracto, sino que está fijado y regulado por formas concretas.

​Al intervenir físicamente el libro —fijándolo con metal o perforándolo—, el artista desarma el dispositivo del saber y expone su carácter histórico y político. De acuerdo con su planteamiento, al transformar la Constitución en una pieza única e impenetrable, se introduce una distancia crítica: el documento ya no se lee para ser obedecido, sino que se contempla para ser cuestionado.

CORTESÍA:Teresa Quilez

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