José María Cruxent rigor científico y libertad creativa
Hace 114 años nació el emblemático maestro José Maria Cruxent (Barcelona, España 16-1-1911/Coro, Venezuela 23-2-2005) su mirada escrutadora y rigurosa llegó a convertirlo en hito universal, cuya obra aunque anclada en Venezuela reescribió la historia del Continente al desafiar los paradigmas establecidos sobre el poblamiento del Nuevo Mundo y al aplicar métodos científicos revolucionarios para la época.
Amaba Venezuela, tierra que lo hizo su hijo, lugar donde desarrolló una prolífica carrera como arqueólogo, antropólogo y también como artista, siendo que antes de consagrarse a estas disciplinas vendió frutas y fue operador de cine.
El Jobo, municipio Buchivacoa, ubicado en el estado Falcón, fue uno de los yacimientos cruciales para la arqueología descubierto por Cruxent en 1956. Allí logró develar una cultura prehistórica desconocida de cazadores-recolectores que dejaron artefactos líticos (de piedra) y desechos de talla, ofreciendo información vital sobre el poblamiento temprano de América y la tecnología lítica de la región con lo cual le demostró a la comunidad científica que la historia de la humanidad en América era mucho más antigua y compleja.
En 1962, Cruxent descubre otro yacimiento en Falcón, esta vez se trata de Taima Taima, municipio Colina, un verdadero cementerio de megafauna (gliptodontes, mastodontes y perezosos gigantes, entre otros). Un lugar que, en ese entonces habría tenido una geografía muy distinta a la árida zona actual, con una profusa vegetación y abundante agua, para albergar tantas y diversas especies.
En las excavaciones de 1976, en esa misma zona descubre un esqueleto de mastodonte y dentro de la cavidad pélvica del animal un fragmento de punta de lanza incrustada, lo que
confirmó que el animal no murió por causas naturales, sino que fue cazado y desmembrado por humanos, hallazgo que desafió las teorías sobre el poblamiento temprano de América (sitio pre-Clovis).
Nueva Cádiz, en Nueva Esparta, el rescate de las ruinas de la primera ciudad europea en Suramérica, en la Isla de Cubagua y el colocar a la vanguardia a Venezuela al haber sido pionero implementando un laboratorio de carbono 14, primero en su tipo, con una tecnología experimental recién ganadora del Premio Nobel (Willard Libby 1960) son otros de los profusos logros de este padre de la arqueológía.
Como antropólogo, la mirada de Cruxent también fue distinta no se conformó con las huellas pasadas de la sociedad sino que hurgó en los pasos presentes, en la etnografia de los pueblos, para poder entender el registro arqueológico y también la arqueología viviente.
Fue un artista plástico que logró plasmar las entrañas de la tierra, dialogó con la materia al utilizar elementos y texturas que recordaban la greda, los sedimentos y las piedras. Sus pinturas evocaban los cortes geológicos o superficies erosionadas por el tiempo, y de esa manera unía sus pasiones como arqueólogo y pintor que era una sola: la tierra y la huella de los seres vivos en ella.
CORTESÍA: Teresa Quilez

