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Descubre  estas JOYAS OCULTAS, que nos puedes dejar de ver

1. El humanismo ontológico de Frankenstein (Jacob Elordi)

La crítica especializada, liderada por David Rooney (The Hollywood Reporter) y Manohla Dargis (The New York Times), ha señalado que la verdadera tragedia de esta versión no fue la creación del monstruo, sino la invisibilidad actoral de Jacob Elordi bajo el peso de las nominaciones técnicas.

El Análisis: Elordi propone una «tabula rasa» emocional. Basándose en la expresividad del cine silente de Murnau, su interpretación no es una de efectos, sino de afectos. La crítica de Sight & Sound destacó que Elordi no interpreta a una criatura, sino a un infante en un cuerpo hipertrófico; una actuación de gestos mínimos que fue devorada por el deslumbramiento de la Academia hacia el maquillaje y la fotografía, categorías donde sí fue nominada.

2. Baumbach, Sandler y la deconstrucción de la masculinidad en Jay Kelly

La ausencia de Adam Sandler en la categoría de Reparto y de Noah Baumbach en Guion ha sido calificada por Justin Chang (The New Yorker) como un síntoma de la «fatiga de autor» en Hollywood.

El Análisis: La publicación IndieWire describió la cinta como «la deconstrucción definitiva del hombre de mediana edad». Sandler evita el patetismo cómico para ofrecer un naturalismo seco y devastador. La omisión de Baumbach es especialmente hiriente para la crítica neoyorquina, que ve en Jay Kelly un guion de una arquitectura intelectual superior a los dramas biográficos que terminaron copando la categoría de Guion Adaptado.

3. Julia Roberts y la subversión del ícono en Cacería de Brujas

El desaire a Julia Roberts ha sido el «shock» estadístico del año. Tras ganar el premio del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York (NYFCC), su exclusión de los Oscar marca un precedente de rechazo al cine de autor de Luca Guadagnino.

El Análisis: Stephanie Zacharek (Time) escribió que Roberts ejecutó un «exorcismo de su propia imagen estelar». Al despojarse de su famosa sonrisa para habitar un thriller psicológico demacrado y paranoico, Roberts se alejó del «Oscar-bait» tradicional. La crítica coincide en que la Academia castigó la naturaleza divisiva y visceral de la dirección de Guadagnino, sacrificando una de las actuaciones femeninas más valientes de la década.

4. Amanda Seyfried y el rigor ascético en El Testimonio de Ann Lee

La interpretación de Seyfried como la líder de los Shakers ha sido comparada por Cahiers du Cinéma con las actuaciones de las santas de Dreyer.

El Análisis: La «devoción» de Seyfried no fue solo actoral, sino de una precisión histórica casi antropológica. Críticos de Variety sugieren que la temática mística y el ritmo pausado de la película —un «cine de contemplación»— resultaron demasiado áridos para los votantes, quienes prefirieron narrativas más cinéticas y menos espirituales.

5. La «Hedda» contemporánea de Tessa Thompson

La exclusión de Thompson es, según Peter Bradshaw (The Guardian), la prueba de que el Oscar sigue confundiendo «intensidad» con «volumen».

El Análisis: Thompson y la directora Nia DaCosta trasladaron el peso de Ibsen al siglo XXI con una frialdad magnética. La crítica británica alabó la capacidad de Thompson para interpretar la inteligencia como una jaula; sin embargo, para la Academia, esta Hedda resultó «intelectualmente gélida», prefiriendo interpretaciones más melodramáticas y cálidas.

6. Lo siento, cariño y la hegemonía de los grandes estudios

La victoria de esta cinta en Sundance como Mejor Guion solía ser un pasaporte directo a la nominación al Oscar, pero 2026 rompió la tradición.

El Análisis: The Village Voice denunció que la estructura fragmentada y el diálogo cáustico de Eva Victor eran «demasiado punzantes» para una industria que este año buscó seguridad en las IP (propiedades intelectuales) consagradas. La omisión del cine indie puro es un recordatorio de que el capital de campaña hoy pesa más que la originalidad narrativa.

7. El reduccionismo autoral de Guillermo del Toro (Frankenstein)

La exclusión de Del Toro en la categoría de Mejor Dirección ha sido el debate central en las mesas redondas de Empire y Total Film. Aunque la cinta obtuvo 9 menciones, la ausencia del «arquitecto» de la obra sugiere un sesgo persistente hacia el cine de género.

El Análisis: La crítica de Empire sostiene que la Academia incurrió en un «reduccionismo estético», etiquetando a Del Toro únicamente como un visionario visual (premiando su diseño de producción y maquillaje) pero ignorando su maestría en la dirección de actores y la sofisticación del ritmo narrativo. Se ignoró que, tras la cámara, Del Toro logró amalgamar el expresionismo alemán con un existencialismo moderno que solo un director de su calibre podría ejecutar.

8. George Clooney y el ocaso del «Old Hollywood» en Jay Kelly

La omisión de Clooney en la terna de Mejor Actor ha sido descrita por Clayton Davis (Variety) como un punto de inflexión generacional y estético en la industria.

El Análisis: Clooney entregó en Jay Kelly una interpretación despojada de artificios, apelando a una vulnerabilidad que la crítica calificó como el «pico de su madurez artística». Davis argumenta que su ausencia marca «el fin de una era», donde la Academia parece priorizar el hype tecnológico y las transformaciones físicas extremas por encima del peso específico y la sutileza de la interpretación clásica. Fue un desaire a la sobriedad actoral en favor del espectáculo.

9. El error histórico en la categoría de Casting (Puñales por la Espalda 3)

Siendo 2026 el año inaugural del Oscar a Mejor Casting, la exclusión de la tercera entrega de la saga de Rian Johnson ha sido catalogada por Rolling Stone como una contradicción fundacional del premio.

El Análisis: La revista Rolling Stone señaló que el propósito de esta nueva categoría era reconocer la alquimia de los ensambles corales. Ignorar una selección que logra armonizar el talento de Andrew Scott (en su cénit tras All of Us Strangers), la autoridad dramática de Glenn Close, y la energía de nuevas estrellas como Josh O’Connor y Cailee Spaeny, junto a la versatilidad de Kerry Washington, desvirtúa el espíritu del galardón. Fue un desprecio a la dirección de casting más equilibrada y estelar del año.

10. La invisibilidad transatlántica de Nouvelle Vague (Richard Linklater)

A pesar de liderar las nominaciones a los Premios César en Francia con 10 candidaturas (incluyendo Mejor Película y Director), la obra de Linklater sobre el rodaje de À bout de souffle fue la gran olvidada de Hollywood.

El Análisis: La crítica de Sight & Sound y Cahiers du Cinéma elogió la audacia de Linklater al filmar íntegramente en francés y en blanco y negro, capturando la energía anárquica de Jean-Luc Godard. Los especialistas de IndieWire denuncian que la Academia fue incapaz de clasificarla: demasiado «francesa» para las categorías generales y dirigida por un estadounidense para la categoría de Película Internacional. Fue un sacrificio burocrático de una de las piezas de cine-filia más puras de la década.

Información en @cineticacultural

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