Cultura y Entretenimiento

Fruto Vivas arquitecto de la libertad y la naturaleza 

El 21 de enero se conmemora el natalicio de José Fructuoso Vivas, conocido universalmente como Fruto Vivas (1928–2022). Premio Nacional de Arquitectura 1987 y figura cimera del diseño latinoamericano, Vivas no solo construyó estructuras, sino que proyectó una visión emancipadora del hábitat humano.

​Fruto Vivas forma parte de una estirpe de visionarios que entendieron el espacio no como un bloque de concreto, sino como un organismo vivo. Al igual que maestros de la talla de Carlos Raúl Villanueva —padre de la modernidad venezolana— y arquitectos destacados como Hélène de Garay , Vivas centró su obra en la adaptación climática y el respeto por el entorno.
​Para estos profesionales de la escuadra el diseño nace de la lectura de los elementos vitales:la luz aprovechada para dar vida a los interiores sin generar calor excesivo. El aire: utilizado a través de la ventilación cruzada para humanizar las temperaturas tropicales. El espacio y el encuentro priorizados como el centro de la convivencia ciudadana y la creación de comunidad.

​La propuesta de Vivas trasciende lo técnico para tocar lo social. Esta filosofía de integración y excelencia fue un precepto vital en Villanueva y lo fue y ha sido en una saga emblemática de profesionales como él, algo que ha valido el reconocimiento internacional; tal es el caso de Hélène de Garay, quien obtuvo el Gran Premio de la Bienal de Arquitectura de Quito (BAQ. 

Ha sido indiscutible para esta estirpe el hecho de   humanizar el urbanismo de la mano con la estética, entendiendo que la belleza y la funcionalidad deben estar al servicio del pueblo. Como decía Vivas: «Más importante que crear edificios y ciudades hermosas es crear hombres libres».

Vivas desarrolló también maestría en la pintura y el dibujo, algo que reveló en toda su plenitud la exposición 
Fruto Vivas Inédito» en la Galería de Arte Nacional. Allí el público pudo apreciar retratos en acuarela y bocetos a mano alzada de obras nunca construidas, las cuales mostraron la sensibilidad de un hombre que veía el arte como una herramienta de formación.
​Su impacto cruzó fronteras. Desde debates en Corea del Sur con su homólogo francés Jean Renaudie, hasta proyectos con gran impacto social que se replicarían por África, Latinoamérica y el Caribe, Vivas defendió siempre la capacitación de los habitantes para que fueran dueños de su propio entorno, capaces de generar recursos y mantener sus inmuebles bajo un sentido de identidad nacional. Fruto Vivas nos deja un legado donde la arquitectura es, ante todo, un acto de amor por la naturaleza, un diálogo con el clima y un compromiso inquebrantable con la dignidad humana.

Cortesía: Teresa Quilez

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