Cultura y Entretenimiento

125 años de Alejandro Colina: emblema de la escultura monumental 

Alejandro Colina (CCS 8-2-1901/CCS 6-8-1976) emblemático por su escultura monumental de profundas raíces indigenista dejó su huella indeleble en toda nuestra geografía, en cada una de sus colosales obras signadas por un arraigado sentido nacionalista y de profunda identidad. 

A 125 años de su nacimiento recordamos a este creador considerado el máximo exponente de la escultura monumental del S. XX. 

Tal vez, la expresión plástica más conocida de este célebre maestro sea su obra tridimensional, siendo  que la mayoría fue concebida como monumentos públicos: San Juan o mejor conocido “Sanjuanote” (de 19, 8 mts de altura) , en San Juan de los Morros, Guárico;  el conjunto escultórico  de la Plaza de Tacarigua (Maracay, Aragua); los numerosos caciques que esculpió, entre ellos Tiuna,  Conjuro de Caricuao (Dtto Capital), Chacao (Miranda), Yaracuy (San Felipe, Yaracuy); Manaure  (Coro, Falcón) ; Guacamayo – Plaza el Indio- y el piache Yarijú (Valencia, Carabobo); Negro Primero y La fuente de los caimanes (San Fernando, Apure), entre una profusa producción donde destaca María Lionza sobre la danta (Dtto Capital) por la veneración popular que le profesa un grueso de la población que rinde culto a esta legendaria reina.

Si revisamos textos que hablen sobre este ícono del arte, en su obra prolífica también  era diestro en la pintura de murales, mencionamos Industria textil; La caza; La alfarería; La Cosecha de maíz y Éxodo a la montaña (1931) , entre otros, – hoy desaparecidos-  se ubicaron en un gran salón de la residencia de John Boulton; destacamos de igual manera Arte y ciencia de la psiquiatría (1938), el cual por remodelaciones posteriores en el Hospital Psiquiátrico de Caracas – donde fue paciente- debió reproducir al óleo a solicitud de las autoridades del hospital.

Colina también fue artífice de importantes reformas en la Catedral de Valencia, edo. Carabobo, (1941-43), las cuales consistieron en agregar vitrales, incorporar una cúpula y la reconstrucción de las columnas más altas del referido templo, donde contó con la colaboración de pintores y estudiantes de arte. Siendo que para esta tarea fue fundamental el bagaje adquirido en cuanto a conocimientos y experiencias en el hecho arquitectónico hacia 1919 cuando trabajó como delineante y calculista del arquitecto Alejandro Chataing.

Igualmente, la cerámica y la orfebrería también fueron exploradas por el artista como otra posibilidad de expresión plástica.

 Aminta Diaz, cronista de Colina, escribió en un trabajo que realizó sobre este autor: “genial escultor que rescató del olvido a nuestros indígenas y los sembró en la geografía patria con creaciones insustituibles en su género: novedosas, personales, originales, con sentido axiológico, nacionalista y épico, con pasión telúrica…”

 El crítico y polifacético Juan Calzadilla en una oportunidad apuntó que Colina se había erigido como “el más alto representante de la tendencia indigenista en nuestra escultura. Su temática constituye en conjunto una exaltación alegórica de la fuerza de la raza autóctona y, como tal, su trabajo adopta a menudo la forma monumental. Sus figuras están fuertemente acusadas por una construcción  muscular sobresaliente que imprime un ritmo tenso y robusto, bajo el cual el movimiento es sugerido y contenido dramáticamente”.

CORTESIA: TERESA QUILEZ

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